Hola

Siendo Mozart aun un adolescente, aunque ya virtuoso, se le acercó un joven de su edad y le preguntó cómo se componía una sinfonía. Mozart le contestó que tenía que aprender durante muchos años para siquiera intentarlo. El muchacho, enfadado con la respuesta, le dijo: – Pero tú ya componías a los diez años. Mozart, sin torcer el gesto contestó: – Sí, pero no tenía que preguntar cómo.

Igual que en las personas, también nos encontramos el genio en las empresas. Y unas veces son los “juniors” los que ponen en solfa a los maestros. Una de las discusiones más controvertidas que llevamos viendo en los mercados durante los últimos años es la aparente lucha entre valor y crecimiento. El ganador por KO está siendo el crecimiento. Pero el boxeador de calzón rojo, con los ojos cerrados e hinchados, sentado en su rincón intentando capturar bocanadas de aire y, como en el chiste, diciendo ya le tengo donde quería al contrincante, parece que todavía se niega a claudicar.

Uno de los errores más grandes que se suele cometer con las inversiones, es pensar que las cosas no cambian realmente del todo. Y que las empresas tradicionales que podemos tener en nuestra cartera, los campeones nacionales, lo van a seguir siendo para siempre. Y que ante cualquier novedad en su sector, tendrán la capacidad de adaptarse y superar a cualquier nuevo rival, basándose en el conocimiento adquirido durante años, cuando no décadas. Y que normalmente tienen una foto del balance actual fuerte, con posiciones de caja sólidas y ventas crecientes. Tiene hace mucho tiempo Warren Buffet una ponencia hablando de la irrupción del automóvil a comienzos del siglo XX. La principal conclusión de inversión no era tanto comprar empresas de coches, como quedarse corto de caballos.

Esta discusión la podemos tener viendo la disparidad de comportamiento de Tesla y el resto de los automóviles, o viendo como Telefónica no para de arrastrarse en bolsa.

En un no muy lejano pasado, hemos tenido muchos casos y nos deberían de servir, si no de ejemplo, sí al menos de advertencia. Tenemos el ejemplo de Nokia. En 2008, cuando salió al mercado el iPhone 3G, la empresa finlandesa era el mayor fabricante mundial de móviles. Lo que no sabíamos entonces, es que Nokia finalmente sería el mayor fabricante de móviles tontos del mundo y Apple estaba a punto de serlo de móviles inteligentes. No sabíamos de forma clara que los smartphones dominarían el mundo. Y el problema muchas veces es la semántica. El problema es que seguíamos hablando de teléfonos, cuando lo que teníamos entre manos era una computadora, que además de hacer llamadas de teléfono hacía muchas otras cosas.

En teoría, nadie sabe más de hacer coches que las marcas tradicionales, esas que llevan haciendo coches más

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